La Habana de moda y su Prado pasarela. Chanel en La Habana.

La Habana de moda y su Prado pasarela. Chanel en La Habana.

¿Un desfile de Chanel en Cuba? Si, aunque muchos no se lo creían y lo esperaban entre el asombro y la sorpresa, sucedió en este inhóspito paraje insular, ajeno al mundo de la moda  para pasar a la historia como el primer desfile de la compañía parisina en América Latina. Justo en un país en que hace más de cincuenta años la cultura del vestir ha estado lejos de las prioridades de sus habitantes, e incluso de la ideología imperante.

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Los vetustos mármoles recién pulidos del Paseo del Prado  y sus rugientes leones fueron testigos de esta exótica epifanía de manos de su director creativo, el afamado Karl Lagerfeld con una escenografía discreta e inusual. Al parecer solo les interesó a los organizadores acompañar las novedosas creaciones junto a la cotidiana belleza del paseo colonial. Poco más de media hora duró la presentación de la Colección Crucero 2016/2017, es decir, ropa de alta costura especialmente ideada para surcar los mares en buques de fantasía, o en general para lucir en verano, ropas vaporosas, de diversos colores y formas delicadas marcadas por un evidente matiz vintage.

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Hace más de un año que venían elucubrando los ejecutivos y creativos de la compañía hasta que obtuvieron los permisos en esta Isla donde la moda junto al buen vestir han sido una acariciada utopía, pues muchas han sido las dificultades que para vestir aceptablemente han afrontado todos estos años de carencias. Este desfile no hubiera sido tan raro hace sesenta años en que Cuba era uno de los centros de la sofisticación  y el glamour en el continente americano.

Hoy día, cuando Cuba está cada vez más de moda y estos son tiempos de apertura y de cambios este suceso, es sin dudas, una rara avis de nuestra contemporaneidad visual. Al parecer a Lagerfeld no le interesaba Cuba, a diferencia de lo que quiso dar a entender también con una de sus muestras fotográficas expuestas en la parte vieja de la ciudad. Camuflajeó sus intereses con los motivos iconográficos que plasmó en la colección que según declarara estaba inspirada en la Isla. El Káiser de la moda perdió su única y última oportunidad de que Chanel se quedara impregnada en la mente y el corazón de los cubanos, pues de seguro jamás regresará a La Habana. Las pasarelas de Chanel en el orbe como muchas de alta costura se caracterizan por su carácter privado, pero Cuba no es precisamente el mundo y la verdadera gracia de estar aquí, más allá del paisaje, del folklor, de la luz natural, del exotismo del calor, de la leyenda y la moda, es su gente y la alegría que emanan. Hubiera sido un buen momento, para legitimar los tiempos que corren de apertura, cambios, nuevos caminos, futuro, esperanza…  Tal parecía, según la visión popular, que la casa de modas parisina vino a codearse solo con la élite nacional.

El esperado pase tuvo dos partes: la primera en la que las celebrities, tanto cubanas como de distintos puntos del planeta caminaron Prado degustando los cócteles cubanos que fueron servidos de la forma más típica: en populares carritos en los que en Cuba se venden refrescantes bebidas en las calles.

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Todo comenzó  mucho antes de que arribaran los protagonistas a su elegido escenario. Todos y cada uno de los selectos invitados llegaron al sitio escogido desde el Hotel Nacional en coloridos y brillantes almendrones, más de un centenar que lucían es en sus parabrisas una pegatina con el logo de la reconocida firma fundada en 1910.

Unas gotas de lluvia, con ganas de convertirse en el primer aguacero de mayo y bautizar al público, amenazaban con hundir al Crucero (Cruise) antes de que zarpara, pero no pudieron ni siquiera ahuyentar a los muchos cubanos que desde los balcones y azoteas cumplieron su sueño de ver un desfile de alta costura y fisgonear a las personalidades asistentes, algo que nunca pensaron pasaría en Cuba, un país olvidado por la moda en el que por muchos años esta manifestación fue vista como símbolo de frivolidad. Este ícono del lujo que es Chanel y el contraste que crea con las necesidades de la mayor de las Antillas y con su tradicional ideología estatal anti-consumista es en realidad uno de los más llamativos factores de este evento, que nace de la inspiración y admiración de la casa de modas por la cultura cubana.

Los cantos yoruba del dúo franco-cubano Ibeyi irrumpieron el silencio e inauguraron el esperado show junto a ellas tres modelos vestidas de blanco y negro comenzaron su marcha en esa insólita pasarela.

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A ritmo de un exquisito y seductor  latin jazz  desfilaron los modelos, no como los fríos maniquíes rodantes que en ocasiones reflejan la plasticidad de las pasarelas convencionales sino como  exuberantes domingueros luciéndose cómodamente y hasta fumando un puro. Hubo tres modelos cubanas. No caminó la pasarela como modelo, aunque hasta la víspera estaba previsto, el modelo local Tony Castro, nieto de Fidel Castro, solo lo hizo junto a otros jóvenes modelos para repartir catálogos y recoger las invitaciones. La banda sonora estuvo a cargo de  Aldo López-Gavilán al piano, Ruy Adrián López-Nussa en la percusión junto a la Orquesta de Cámara de La Habana, dirigida por la maestra Daiana García. La pasarela culminó arrollando con Rumberos de Cuba.

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Esta colección se caracteriza por inspirarse en el destino de su presentación: colores brillantes, habanos, vegetación tropical, sombreros de jipijapa, rumba y por supuesto “almendrones” protagonistas de varios tejidos empleados, fueron algunos  de los motivos que conformaron la iconografía cubana del káiser, como también se le conoce a Lagerfeld. Otras  alusiones, un tanto más transgresoras resultan el juego implícito en el slogan Viva Coco / Cuba libre junto a estrellas, boinas y ropa herederas de la estética militar.

Esta marcha atípica, en una suerte de pasarela ancha sin plataforma al mismo nivel del público cuya escenografía natural sedujo por su añejo glamour del siglo XVIII en que se construyó el popular paseo, no es la primera que Chanel desarrolla al aire libre, pues la Crucero fue en similares condiciones, eso sí, sin los niveles de húmedas y los casi 40 grados Celsius de  La Habana en el mes de mayo.

La guayabera , nombrada por Lagerfeld el “esmoquin cubano”, reinterpretada se destacó como prenda recurrente, incluso muchos de los asistentes la lucían como el actor Vin Diesel quien aprovechó su estancia en la Isla debido a la octava parte de Rápido y Furioso que rodó, para participar del suceso.

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Pese a la presencia entre el público selecto de celebridades como Gisele Bündchen, la reina brasileña de las pasarelas, o de las actrices británicas Geraldine Chaplin y Tilda Swinton las mayores ovaciones y exclamaciones del público fueron para los cubanos Gente de zona y por supuesto para el káiser y sus inseparables gafas de sol, cuando ya este se había puesto.

El Paseo del Prado Habanero vibró entre humo de tabaco y lentejuelas, con mucho color y alegría, en un país cuya prensa oficial no publicó la noticia y solo los vecinos de esta parte de la ciudad y unos pocos ilustres pudieron disfrutar, mientras otros ni siquiera se enteraron, pues para ellos el único desfile fue el del día del trabajo, el primero de mayo en la Plaza de la Revolución.